En este apartado vamos a hace un recorrido sobre la historia y los autores más relevantes que explicaron e intentaron estudiar el trastorno obsesivo-compulsivo , el cual en un principio estaba clasificado como un trastorno de ansiedad.
Historia conceptual
La historia de los llamados
"trastornos de ansiedad" está estrechamente vinculada al concepto
clínico de "neurosis". Como en otros casos, el contenido original del
término neurosis, establecido por el psiquiatra escocés Cullen en
1769 en su Synopsis nosologiae methodicae, no corresponde
estrictamente al uso que hasta hace pocos años se ha hecho de tal
denominación. Cullen se refería a una afección general del sistema
nervioso que cursaba sin fiebre ni afección local de algún órgano, y
que comprometía "el sentido" y "el movimiento", mezclándose en ella
desde síncopes hasta el tétanos y la hidrofobia, pasando por la
histeria, la melancolía, la amencia y la manía .
Sigmund Freud
Los distintos trabajos que Freud
incluyera en "Las primeras aportaciones a la teoría de las neurosis"
fueron publicados entre 1892 y 1899 .
Tal vez su contribución más decisiva en estos últimos trastornos sea
la separación, dentro de la neurastenia, del cuadro que él denominó
"neurosis de angustia" y que, bajo una denominación distinta, perdura
hasta hoy.
Freud denomina "neurosis de angustia" a un
complejo clínico en el que todos sus componentes pueden ser agrupados
en torno a uno principal, que es la angustia. El cuadro se
caracteriza por "la excitabilidad general", un estado de tensión que
se expresa en hiperestesia, especialmente auditiva y que refleja una
acumulación de excitación o una incapacidad de resistirla. Además, es
característica la "espera angustiosa", que corresponde a
expectativas catastróficas respecto de los seres queridos o del
paciente mismo: la tos es signo de una enfermedad mortal; si hay gente
en la entrada de la casa, es porque ha ocurrido una tragedia, si
doblan las campanas, es un ser querido que ha fallecido. Para Freud
esta espera angustiosa es el síntoma nodular de la neurosis: una
angustia flotante que se halla dispuesta en todo momento a enlazarse a
cualquier idea apropiada, incluyendo a la locura y a la muerte, pero
también que puede mantenerse como una angustia en estado puro sin
estar asociada a ninguna representación.
Otra manifestación
sobresaliente de la neurosis de angustia es la presencia de "ataques
de angustia", los que adquieren distintas formas. Algunos pacientes
presentan una perturbación de la actividad cardíaca, como
palpitaciones, arritmia o taquicardia; otros, del aparato respiratorio,
con disnea y ataques semejantes a los asmáticos. La sudoración,
especialmente nocturna, y los temblores son frecuentes, así como también
la bulimia y el vértigo. A lo dicho se agrega el "pavor nocturno
de los adultos", consistente en un despertar con angustia, disnea y
sudoración.
El vértigo que describe Freud en estos
pacientes es una sensación de inestabilidad, como si el suelo
oscilara y las piernas, temblorosas y blandas, se hundieran en él, de
manera que es imposible continuar en pie. Este vértigo se acompaña
de importante angustia, taquicardia y agitación respiratoria.
Sobre
esta base de espera angustiosa por un lado, y por otro de la tendencia
a los ataques de angustia y vértigo, se desarrollan dos grupos de
fobias típicas: el primero "referente a las amenazas fisiológicas",
y el segundo, "referente a la locomoción". Al primer grupo
pertenece el miedo a las serpientes, a las tormentas, a la oscuridad y a
los insectos, y también la escrupulosidad y varias formas de la folie de doute
(trastorno obsesivo-compulsivo). Es importante destacar que para
Freud, en estas fobias, la angustia flotante es utilizada para
intensificar repugnancias instintivas comunes a todos los hombres. La
diferencia está en que esos temores perduran en los pacientes porque
las experiencias han ocurrido sobre la base de la angustia flotante y
de la "espera angustiosa" que los caracteriza.
El segundo
grupo está formado por la agorafobia. Dice Freud: "con frecuencia
hallamos aquí como base de la fobia, un anterior ataque de vértigo,
pero no creo deba darse a tales ataques la significación de una
premisa indispensable". "Hallamos, en efecto –continúa– que muchas
veces después de un primer ataque de vértigo sin angustia, y no
obstante quedar ya la locomoción constantemente afectada de la sensación
de vértigo, no experimenta tal función restricción alguna,
fallando, en cambio, por completo en determinadas condiciones, tales
como la falta de un acompañante o el paso por calles estrechas
"cuando el ataque de vértigo fue acompañado de angustia" .
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